La cena es una dictadura de las apariencias: es bello, todos ríen, comparten recuerdos y proyectos. Las ansiedades son escondidas bajo el humor y las penas sofocadas en explosiones de risa. Y por algunas horas, es creíble. Si se comparten los códigos, se respeta a los otros, que fluya la cordialidad, hipocresía y buen humor, es posible pasar una buena velada. Pero luego las máscaras caen y todo queda al descubierto al levantarse de la mesa.

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